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 DAGDA PADRE DEL DRUIDISMO

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El Dagda es el "Padre del Druidismo", y su nombre significa el "Buen Dios." Este es uno de sus muchos nombres; también se le conoce como Eochaidh Ollathair "Padre de todo", Aedh "Fuego" y Ruad Rofessa "Señor de grandes conocimientos". Es el dios principal de la mitología celta irlandesa y guardián del gran caldero traído de Murias, la ciudad del Otro Mundo, por los Tuatha de Danann. Este caldero se dice que suministra alimento sin fin y que aquel que comparta su contenido siempre quedará saciado. 
 
 
Este gran caldero, a menudo llamado "El imperecedero", suministra alimento tanto para las necesidades espirituales como para el mantenimiento físico. Además del caldero, el Dagda lleva un garrote gigante, que requiere la fuerza de ocho hombres para moverlo. Lo arrastra detrás de él usando a veces un juego de ruedas y este garrote es tan inmenso que puede matar a nueve hombres con un solo golpe. Esta extraordinaria arma puede devolver la vida tanto como quitarla. El Dagda necesita solamente tocar a una persona muerta con el extremo pequeño de este garrote y lo devuelve a la vida. 
 
Es también conocido como un excelente arpista y es el dueño de los " tres nobles sones." Estos tres sones provocaban las siguientes reacciones: forzar al sueño, forzar a la risa y forzar al llanto. Los tres nobles sones son considerados de naturaleza mágica.

El Dagda es conocido como el "Padre de Dioses y hombres" debido a su capacidad y atractivo sexual. Seduce a muchas mujeres y a algunas diosas, incluyendo a Morrigu y a Boann, con quien concibe a Aonghus Mac Og. Sus otros hijos son Aed Caem, Cermait Milbe, y las tres Brighids. Su hermano es Ogma y su padre es Elatha Mac Delbaith. Esto lo hace mitad Fomoire y medio hermano tanto como suegro (a través de una de sus hijas Brighid) de Bres, rey de los Tuatha de Danann al principio del relato de Cath Mag Turied.

Es descrito como un ser cordial y siempre benévolo. Es muy "sencillo" y se ocupa de las fuerzas de la naturaleza y de la Vida. Es, a decir verdad, un "Dios de la Vida y la Fertilidad", y como la mayoría de deidades que están relacionadas con el ciclo de vida - muerte, tiene también el papel del poderoso Dios de la Muerte. El Dagda tiene un papel protagonista en Cath Mag Turied (la segunda batalla de Moytura) dónde sus grandes conocimientos de druidismo son uno de los factores mas importantes para que los Tuatha De Danann derroten a los Fomoire. 
 
 

Le damos las gracias a Dios Padre
cuyo caldero derrama
su plenitud en la tierra,
inundándola de perfumada
belleza y renacimiento,
Él bendice la semilla que yace
en el fértil suelo,
y nos protege bajo su poderosa mano.
Le damos las gracias al Dios de la Tierra,
cuya música de arpa hace bailar las estaciones,
con gestos llenos de gracia, y pasos majestuosos.
Él bendice a los juglares que nos regocijan
e invita a las señoras y a los caballeros a enamorarse.
Lo encontramos en la forma de un navío que busca su puerto,
la playa que ha reverdecido gracias al romillo y a la vara de San José.
Los sacerdotes podrán hablarnos en trance sobre estas cosas,
pero Dagda es el único que grita, bien alto nuestros méritos.
 
 
Fuentes: Nathair Aosda, druidnetwork.org, wiccabolivia.org


 

CUENTOS CELTAS:

LA TRUCHA BLANCA DE LOUGH FEAAGH

 


Había una vez, hace ya muchísimo tiempo, una joven y hermosa doncella que vivía en un castillo, a orillas del Lough Feaagh, de la cual se dice que era la prometida del príncipe de Inchagoill, con el cual iba a desposarse el día de la fiesta de Samhain (es la festividad de origen celta más importante del periodo pagano, se conoce también como Halloween).

Pero, repentinamente, el príncipe fue asesinado y arrojado al lago y, desde luego, ya no pudo cumplir con el compromiso de casamiento que hiciera a la bella Aidù, que así se llamaba la bella joven. A causa de esta decepción, y por ser frágil y tierna de corazón, Aidù enloqueció, y pasaba el día entero llorando a su prometido, hasta que un día, sin que nadie supiera cómo, desapareció, y los aldeanos atribuyeron esa desaparición a que las ninfas de Lough Feaagh se la habían llevado a su reino subacuático, para que se reuniera con su amado.
 
Sin embargo, poco tiempo después, en un arroyo próximo, cuyas aguas desembocaban en ese
lago, la gente comenzó a comentar la presencia de una trucha completamente blanca, como jamás había visto nadie por aquella región. Y así, año tras año, la trucha permaneció en el lago y los arroyos y ríos que desaguaban en él, hasta que ni el más viejo de los moradores pudo recordar cuándo había aparecido por primera vez.

Con el tiempo, la gente comenzó a pensar que aquella trucha debía de ser la doncella, y que las ninfas la habían transformado en pez para que aguardara el regreso del príncipe del reino del más allá, y así reunirse definitivamente con él en las profundidades del lago. Y por ello, nadie le causó jamás daño alguno a la pequeña trucha, hasta que llegaron a Inchagoill tres perversos mercenarios sajones, quienes se rieron de los habitantes del pueblo, y se burlaron de ellos por creer en la existencia de la "gente pequeña", y por pensar que ellos podían haber convertido en pez a una persona. Luego, uno de ellos, envalentonado por la bebida, juró y perjuró que pescaría a la trucha y se la comería en la cena.

Y por cierto que logró apoderarse de la trucha con una red; luego la llevó a su campamento, avivó el fuego, sobre el que puso la sartén y, cuando estuvo caliente, echó en ella al pobre pez,
que aún estaba vivo. Al caer en el aceite hirviendo, la trucha chilló como un cristiano y el maldito, aunque se sorprendió un poco, rió a más no poder. Y cuando calculó que ya estaba cocida de un lado, la dio vuelta para freiría del otro.

Y aquí llegó su primera sorpresa, porque, a pesar de haber estado un buen rato en el aceite, el costado de la trucha no mostraba signo alguno de haber pasado por el fuego. Intrigado, el mercenario pensó: "Seguramente ha pasado tanto tiempo en las frías aguas del lago, que necesita más cocción; de cualquier manera, voy a darla vuelta, y veremos qué pasa", sin imaginarse siquiera que sus verdaderos sobresaltos aún estaban por comenzar.

Cuando creyó que el segundo costado ya estaba frito, volvió a dar vuelta la trucha y hete aquí
que tampoco había rastros de quemadura. "Esto ya me está resultando pesado, pero volveré a probar." Y así lo hizo, y no una sino varias veces, pero aquélla parecía no inmutarse por la acción del fuego, así que el villano decidió: "Puede ser que se haya cocido y no lo parezca; veamos". Y, tomando su cuchillo de caza, trató de cortar un pedazo de la trucha para probarlo. Pero tan pronto como la hoja hizo la primera incisión, se oyó un alarido espantoso y el pescado, que no sólo no estaba frito, sino que ni siquiera estaba muerto, saltó de la sartén al suelo, y en su lugar apareció una joven doncella, tan hermosa como el cretino no había visto jamás, vestida de blanco y con una diadema de oro sobre su frente, pero con los ojos fulgurantes por el dolor y la furia de un basilisco en su interior. Sobre su brazo podía verse el corte del cuchillo, y un reguero de sangre corría por su costado.

—¡Mira lo que has hecho, maldito! —lo increpó la dama, mostrándole el brazo—. ¿No podías dejarme tranquila, cómoda y fresca, en mi lago y en mis ríos, y no molestarme mientras espero a mi prometido?

El mercenario se estremeció como un perro mojado, balbuceando torpemente que no lo matara, e imploró abyectamente el perdón de la dama, diciéndole que no tenía ni la menor idea de que ella estaba cumpliendo una misión, porque en ese caso, ningún buen soldado como él hubiera interferido con ella.

—¡Pues esa misión es tremendamente importante para mí! —afirmó ella—, y si mi prometido llega mientras estoy ausente, y no puedo recuperarlo, te convertiré en un alevino de sapo, y me pasaré la eternidad persiguiéndote para comerte, mientras crezca la hierba o el agua corra por los arroyos.

El villano temblaba como una hoja, aterrado por verse convertido en un sapo, y suplicó piedad, pero la doncella le dijo:
—Renuncia a tus malas costumbres, maldito, o te arrepentirás cuando yo me encargue de ti;
compórtate con corrección en el futuro y asistecon regularidad a los servicios religiosos. Y ahora, ¡devuélveme al río, donde me atrapaste, o te convertiré en sapo en este mismo instante!
—Pero, milady —clamó el mercenario, aterrado—, ¿cómo podría arrojar al río a una dama tan
hermosa como tú? ¡Morirías ahogada! —Pero antes de que pudiera agregar una sola palabra, la joven se desvaneció y en el suelo apareció nuevamente la trucha blanca.

Aún aterrado por lo que había visto, el soldado tomó a la pequeña trucha y la llevó rápidamente al río, temiendo que si el prometido de la doncella llegaba en ausencia de ésta, su propia vida se vería en peligro. Pero, tan pronto como el pez tocó la superficie, las aguas se
tiñeron de un rojo de sangre, hasta que la corriente lo fue diluyendo lentamente. Hasta hoy, en el costado de la trucha blanca (especie muy frecuente en los ríos de Irlanda —señal de un feliz encuentro entre Aidù y su prometido—), puede verse una mancha roja, que marca el sitio donde el mercenario intentara cortarla.

Lo cierto es que, a partir de ese día, el malvado mercenario cambió por completo sus costumbres; comenzó a asistir puntualmente a los servicios religiosos y ayunó los días de Cuaresma y para Pentecostés; pero jamás comió pescado durante esos días ni ningún otro día de su vida, porque el pescado nunca permanecía mucho tiempo en su estómago (si es que entienden lo que quiero decir).

Sea como fuere, el villano se convirtió en otro hombre, y no faltó quien dijera que, ya pasado algún tiempo, abandonó el ejército y se hizo misionero, y solía recorrer Irlanda atendiendo a los enfermos y rezando eternamente por el alma de la trucha blanca.


ANAM CARA: CONCEPCIÓN CELTA DE LA AMISTAD

La concepción celta de la amistad encuentra su inspiración y plenitud en la sublime idea del anam cara. Anam es la palabra gaélica que significa «alma»; cara es «amigo». De manera que anam cara significa «alma gemela, amigo espiritual e íntimo». Anam cara era una persona a quien uno podía revelar las intimidades ocultas de la vida. Esta amistad era un acto de reconocimiento y pertenencia. Cuando se tenía un anam cara, esa amistad trascendía todas las convenciones y categorías. Los amigos espirituales estaban unidos de una manera antigua y eterna. 

El viaje humano es un acto continuo de transfiguración. Afrontados con amistad, lo desconocido, lo anónimo, lo negativo y lo amenazante nos revelan poco a poco su secreta afinidad. El ser humano, en tanto que artista, está siempre activo en esta revelación. La imaginación es la gran amiga de lo desconocido. Invoca y libera constantemente el poder de la posibilidad. Por consiguiente, no se ha de reducir la amistad a una relación excluyente o sentimental; es una fuerza mucho más extensa e intensa.

El pensamiento celta no era discursivo ni sistemático. Pero en sus especulaciones líricas los celtas dieron expresión a la sublime unidad de la vida y la experiencia. El pensamiento celta no estaba lastrado por el dualismo. No dividía lo que propiamente ha de estar unido. La imaginación celta expresa la amistad interior que abarca como un todo la naturaleza, la divinidad, el mundo subterráneo y el mundo humano. 

El dualismo que separa lo visible de lo invisible, el tiempo de la eternidad, lo humano de lo divino, les era ajeno. Su sentido de la amistad ontológica generaba un mundo empírico impregnado de una rica textura de alteridad, ambivalencia, simbolismo e imaginación. Para nuestra separación dolorosa, la posibilidad de esta amistad fecunda y unifícadora es el don de los celtas.


La tradición celta posee una hermosa concepción del amor y la amistad. Una de sus ideas fascinantes es la del amor del alma, que en gaélico antiguo es anam cara, «Anam» significa «alma» en gaélico, y «cara» es «amistad». De manera que «anam-cara» en el mundo celta es el «amigo espiritual». 

En la iglesia celta primitiva se llamaba anam cara a un maestro, compañero o guía espiritual. Al principio era un confesor» a quien uno revelaba lo más íntimo y oculto de su vida. Al anam cara se le podía revelar el yo interior, la mente y el corazón. Esta amistad era un acto de reconocimiento y arraigo. Cuando uno tenía un anam cara, esa amistad trascendía las convenciones, la moral y las categorías. Uno estaba unido de manera antigua y eterna con el amigo espiritual. Esta concepción celta no imponía al alma limitaciones de espacio ni tiempo. El alma no conoce jaulas. Es una luz divina que penetra en ti y en tu otro. Este nexo despertaba y fomentaba una camaradería profunda y especial. Juan Casiano dice en sus Colaciones que este vínculo entre amigos es indisoluble:

  "Esto, digo, es lo que no puede romper ningún azar, 
lo que no puede cortar ni destruir ninguna porción de tiempo o espacio;
ni siquiera la muerte puede dividirlo".



En la vida todos tienen necesidad de un anam cara, un «amigo espiritual». En este amor eres comprendido tal como eres, sin máscaras nipretensiones. El amor permite que nazca la comprensión, y ésta es un tesoro invalorable. Allí donde te comprenden está tu casa. La comprensión nutre la pertenencia y el arraigo. Sentirte comprendido es sentirte libre para proyectar tu yo sobre la confianza y protección del alma del otro. Pablo Neruda describe este reconocimiento en un bello verso: «Eres como nadie porque te amo». Este arte del amor revela la identidad especial y sagrada de la otra persona. El amor es la única luz que puede leer realmente la firma secreta de la individualidad y el alma del otro. En el mundo original, sólo el amor es sabio, sólo él puede descifrar la identidad y el destino.
 
El anam cara es un don de Dios. La amistad es la naturaleza de Dios. La idea cristiana de Dios como Trinidad es la más sublime expresión de la alteridad y la intimidad, un intercambio eterno de amistad. Esta perspectiva pone al descubierto el bello cumplimiento del anhelo de
inmortalidad que palpitaba en las palabras de Jesús: «Os llamo amigos».
 
Jesús, como hijo de Dios, es el primer Otro del universo; es el prisma de toda diferencia. Es el anam cara secreto de todos los individuos. Con su amistad penetramos en la tierna belleza y en los afectos de la Trinidad. Al abrazar esta amistad eterna nos atrevemos a ser libres. En toda la espiritualidad celta hay un hermoso motivo trinitario. Esta breve invocación lo refleja:


 
"Los Tres Sacrosantos mi fortaleza son, 
que vengan y rodeen mi casa y mi fogón".


Por consiguiente, el amor no es sentimental. Por el contrario, es la forma más real y creativa de la presencia humana. El amor es el umbral donde lo divino y la presencia humana fluyen y refluyen hacia el otro.


Extracto de: John O'Donohue. "Anam Cara: Libro de la Sabiduría Celta".



EL CÍRCULO CELTA DEL ARRAIGO

 



En la poesía celta campean el color, la fuerza y la intensidad de la naturaleza. En sus bellos versos reconoce el viento, las flores, la rompiente de las olas sobre la tierra. La espiritualidad celta venera la luna y adora la fuerza vital del sol. Muchos antiguos dioses celtas estaban próximos a las fuentes de la fertilidad y el arraigo. Por ser un pueblo próximo a la naturaleza, ésta era una presencia y una compañera. La naturaleza los alimentaba; con ella sentían su mayor arraigo y afinidad. La poesía natural celta está imbuida de esta calidez, asombro y sentido del arraigo. 

Una de las oraciones celtas más antiguas se titula La coraza de San Patricio; su nombre más profundo es La brama del ciervo. No hay división entre la subjetividad y los elementos. A decir verdad, son las mismas fuerzas elementales las que dan forma y elevación a la subjetividad:

 
Amanezco hoy
por la fuerza del cielo, la luz del sol,
el resplandor de la luna,
el esplendor del fuego,
la velocidad del rayo,
la rapidez del viento,
la profundidad del mar,
la estabilidad de la tierra,
la firmeza de la roca.
Amanezco hoy.

Cuando la mente humana empezó a explorar el siguiente gran misterio de la vida, el del amor, también utilizó la luz como metáfora de su poder y presencia. Cuando el amor despierta en tu vida, en la noche de tu corazón, es como un alba en tu interior. Donde había anonimato, hay intimidad; donde había miedo, hay coraje; donde reinaba la torpeza, juegan la gracia y el donaire; donde había aristas, ahora eres elegante y estás en sintonía con el ritmo de tu yo. Cuando el amor despierta en tu vida, es como un renacer, un comienzo nuevo.

Extracto de: John O'Donohue. "Anam Cara: Libro de la Sabiduría Celta".


POEMA DE "LA SABIDURÍA CELTA"

Por John O'Donhue




BEANNACHT
Para Josie

Que el día que el peso se abata
sobre tus hombros y tropieces,
baile el barro para equilibrarte.
Y cuando tus ojos se hielen 
detrás de la ventana gris
y de ti se apodere el espectro de lo perdido,
que una legión de colores,
índigo, rojo, verdey azul heráldico
despierte en ti un vergel deleitoso.

Cuando se gaste la lona de la barca del pensamiento
y una mancha de océano se forme debajo de ti,
surque las aguas un largo sendero de luna
por donde volver sano y salvo.

Sea tuyo el alimento de la tierra,
sea tuya la claridad de la luz,
sea tuyo el fluir del océano
sea tuya la protección de los antepasados.

Y así, que un lento viento te envuelva
en estas palabras de amor,
un manto invisible para velar por tu vida.


 CUENTOS DE HADAS CELTAS

 EL GAITERO Y EL LEPRECHAUN

 

 


Hace ya tanto tiempo que la memoria se niega a reconocerlo, vivía en el pueblo de Dunmore, en el condado de Galway, Irlanda, un hombre bastante falto de luces que, a pesar de su absorbente afición a la música y de ser un gaitero medianamente bueno, en su vida había sido capaz de aprender otra tonada musical que no fuera "An róg-haira dubh" (que significa literalmente, "El negro bribón", tonadilla ligera, con letra subida de tono, que solían cantar los gaiteros en las tabernas, para divertir a los concurrentes). 

Sin embargo, con ella solía hacerse de algunas monedas de los parroquianos de las tabernas, que se divertían con sus patéticos pasos de baile y las intencionadas palabras de la canción.

Una noche en que el gaitero regresaba a su morada, después de haber interpretado media docena de veces su única canción en su taberna preferida, llamada "An derugrânoniâ" (Las bellotas), la consabida carga de buen whisky irlandés en sus entrañas hizo que, al cruzar por el cementerio, quizás un poco inseguro por el entorno, presionara el fuelle de la gaita y comenzara a tocar por séptima vez la única canción que conocía.

Pero sus temores demostraron no ser infundados; apenas había recorrido la mitad del trayecto, cuando un leprechaun,2 surgido de entre las raíces de un enorme roble, cayó sobre él y lo derribó, de tal modo que Swenû (en gaélico antiguo, sonido, nota; un nombre muy utilizado para los bardos y juglares durante la Edad Media temprana) —que tal era el apodo del gaitero— quedó debajo del duende, que lo sujetaba fuertemente el cuello, apretando la gaita, que emitía un sonido quejumbroso.

—¡Malhadado seas, duende asqueroso; déjame ir a mi casa! Tengo cuatro monedas de diez peniques para entregarle a mi pobre madre, que las necesita para comprar tabaco en polvo.
—Si haces lo que yo te digo, no necesitarás preocuparte por tu madre —le dijo el leprechaun—. Ahora vamos a irnos de aquí, y si no te mantienes bien aferrado, te caerás y te romperás todos los huesos de tu cuerpo, y también se romperá la gaita, y eso será lo peor.

Mientras volamos, toca el "Oinowirî"
para mí. (oinowirí literalmente, es "Unos pocos hombres valientes", canción guerrera que entonaban las tropas en batalla, al compás de la música de las gaitas)
—¡Es que no la sé!
—¡No me importa si la sabes o no! —gritó el leprechaun—; tú toca, y no te preocupes de lo
demás!

El gaitero, atemorizado, llenó de aire la bolsa y comenzó a tocar, aunque sin saber muy bien qué hacer con sus dedos; sin embargo, mientras transcurrían los minutos, la música brotaba con tanta fluidez que él mismo se encontraba embelesado.

—¡Pues sí que habías resultado un buen maestro de música —dijo entonces al leprechaun—;
pero dime, ¿a dónde nos dirigimos?
—Esta noche hay una importante fiesta en el castillo de la Reina Lean Banshee (es un hada solitaria que demuestra un gran cariño por los seres humanos), en la cima de Chroagh Patrick —le informó el leprechaun—, y quiero que toques en ella; te doy mi palabra que volverás a casa bien recompensado por tus molestias.
—¡Caramba! Si va a resultar que, al final, me vas a ahorrar un viaje —dijo el gaitero—, porque resulta que el padre Arragh me puso como penitencia una ida a Chroagh Patrick por
haberle robado su ganso blanco preferido el día de Beltayne (festividad consagrada al dios Belenos y a la Madre Suprema, o Señora del Bosque. Literalmente significa "el fuego de Bel", se conmemora durante de las Highlands, como seithei).

Ya en buena connivencia, ambos viajaron juntos, con la rapidez de un relámpago, a través de
montes, marismas y llanuras, hasta llegar a la cima de Chroagh Patrick; una vez frente al castillo de la Reina Banshee, el leprechaun golpeó tres veces con sus nudillos, y el gran portón se abrió, franqueándoles el paso hacia una gran habitación. Allí, Swenû vio una enorme mesa de roble, con cientos de ancianas sentadas alrededor; una de ellas, con un porte real que la distinguía de las demás, se levantó de su sitial y dijo:

—Que tengas mil bienvenidas, leprechaun na Samhain. ¿Quién es el invitado que has traído
contigo?
—Pues, ni más ni menos que el mejor gaitero de Erín —contestó el duende.
 
Al escuchar esto, una de las ancianas dio un golpe en la mesa, con lo cual se abrió una puerta en una de las paredes y de ella surgió, ante el estupor del gaitero, ¡el mismo ganso blanco que él había robado al padre Arragh para la fiesta de Beltayne!

—¡Por mi alma! —exclamó Swenû— . Pero si mi madre y yo mismo nos comimos hasta el último hueso de esa ave; sólo dejamos un muslo, que mi madre le dio a Moyrua (la pelirroja Mary), y que fue el causante de que el padre Arragh se enterara de que yo había robado su ganso.

El ganso, demostrando estar más vivo de lo que el gaitero pensaba, retiró los platos y limpió la mesa, y entonces el leprechaun dijo:

—Toca algo de música para estas agradables damas.
La velada transcurrió sin otros incidentes, con Swenû tocando y cantando canciones que jamás había aprendido en su vida, y las ancianas damas bailando hasta que ya no pudieron dar una paso. Entonces el leprechaun dijo que había que pagar al gaitero, y todas y cada una de las banshees depositaron una moneda de oro en su bolsa.

—¡Por los dientes de San Patricio! —exclamó Swenû 
—¡Soy más rico que el hijo de un rey!
—Ven conmigo —le dijo el leprechaun—, y yo te regresaré a tu casa.

Pero en ese instante, cuando el gaitero estaba a punto de subir a las espaldas del leprechaun, el ganso que había atendido el servicio de la mesa (el mismo que él pensaba haberse comido en la fiesta de Beltayne) se acercó a él y le entregó una gaita nueva. Luego, él y el leprechaun se marcharon y, al llegar a Dunmore, el duende dejó al gaitero sobre el pequeño puente y le dijo que regresara a su casa, agregando:

—Ahora, además de algunas monedas de oro, tienes dos cosas más: ciall agus eól (conocimientos de música) y muchas canciones nuevas; aprovéchalas. Contento como unas pascuas, Swenû corrió hasta su casa, abrió la puerta y llamó a su madre a gritos:
—¡Déjame entrar; tengo una fortuna en mi bolso y soy el mejor gaitero de Erín!
—Como de costumbre, estás borracho —contestó la madre.
—Pues verás que no —alegó Swenû—. Da la casualidad de que, en esta ocasión, ni una gota
ha pasado por mi garguero.

La mujer abrió la puerta del dormitorio y él le dio las monedas de oro. A continuación le dijo,
exultante:
—Ahora espera a escuchar la música que voy a interpretar para ti.
Acunó la nueva gaita bajo su brazo y comenzó a soplar, pero, en lugar de música, se escuchó una terrible barabúnda, como si todos los gansos y patos de Irlanda estuvieran gritando al mismo tiempo. El horrible sonido despertó a los vecinos, que comenzaron a reclamarle silencio y luego a burlarse de él, cuando descubrieron que el alboroto procedía de su propia gaita.

Desesperado, cambió la nueva gaita por la vieja, y de ella surgió una melodía maravillosa que calmó como por arte de magia el enojo de sus vecinos, y cuando se hubieron sosegado, les contó con detalles todo lo sucedido aquella noche.

Al día siguiente, Swenû fue a ver al padre Arragh y le contó su historia con el leprechaun, pero el cura se negó terminantemente a aceptar una sola palabra de su relato, hasta que comenzó a tocar la gaita y los chillidos de gansos y patos amenazaron con dejarlos sordos a ambos.

—¡Vete de mi vista, ladrón de gansos! ¡No te conformas con comerte mi ave, sino que también quieres burlarte de mí!

Pero el gaitero no le hizo el menor caso, y tomó su gaita vieja, para demostrar al párroco que su relato era verídico; y en cuanto comenzó a tocar su antiguo instrumento, sonó una música maravillosa y, desde aquél día hasta que su brazo ya no tuvo fuerzas para presionar el odre de la gaita, nunca hubo en ningún condado de Erín un músico tan solicitado como Swenû, El Gaitero.

 

LA FOTO DEL DÍA (Martes 15 de enero de 2013)

"Todos somos espejos"

Cuando reconocemos que podemos vernos en los demás, cada relación se convierte en una herramienta para evolución de nuestra conciencia. Gracias a esta evolución experimentamos estados extendidos de conciencia.
La próxima vez que te sientas atraído por alguien, pregúntate qué te atrajo. ¿Su belleza, gracia, elegancia, autoridad, poder o inteligencia? Cualquier cosa que haya sido, sé consciente de que esa característica también florece en ti. Si prestas atención a esos sentimientos podrás iniciar el proceso de convertirte en ti más plenamente.

Lo mismo se aplica a las personas hacia las que sientes rechazo. Al adoptar más plenamente tu verdadero yo, debes comprender y aceptar tus características menos atractivas. La naturaleza esencial del Universo es la coexistencia de valores opuestos. No puedes ser valeroso si no tienes a un cobarde en tu interior; no puedes ser generoso si no tienes a un tacaño; no puedes ser virtuoso si no tienes la capacidad para actuar con maldad.

Deepak Chopra

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